Timbre

Hace tiempo dejé de atender el portero cuando suena un timbre imprevisto. La decisión se afianzó con la pandemia, durante la cual nadie debe visitarme, pero había sido tomada mucho antes. ¿Por qué tendría que atender? ¿Impone el timbre una obligación reactiva? ¿Suprime ese acto de apretar el lugar específico, la voluntad de indisponibilidad del habitante? Hubo un tiempo en el que todo lo que podía anoticiarse era peligroso; toda promesa de novedad era amenazante. Algo de ese sentimiento se adaptó y trascendió aquel momento. Hoy cada llamado o cada visita debe haber sido planificada. Aparte, vivo en la ciudad; … Continúa leyendo Timbre

Pequeña muerte

Ayer tiré sal sobre dos babosas que estaban reproduciéndose: murieron abrazadas y deshidratadas. Creo haberles dado un final poético. La multiplicación de esos moluscos en mi casa me asquea, por eso los elimino uno a uno; el acto reproductivo no agregaba ninguna emotividad que me impidiera darle el mismo destino también al par. Al principio, cuando veía una babosa la levantaba con papel y la llevaba al patio. Por lo general, la dejaba sobre la tierra de alguna planta. Más tarde, me enteré que de eso se alimentan y que las mordidas que veía en las hojas eran producidas por … Continúa leyendo Pequeña muerte

Redes infecciosas

Las redes también están infectadas. Los virus que circulan ahí son más dañinos que el COVID-19, con su tasa de letalidad por debajo del cuatro por ciento. Incluso el nivel de contagio es mucho mayor. No hay estadísticas, pero tampoco dudas. Infectan a través de la identificación, del deseo de pertenecer y luego, una vez atrapado, de la exclusión. Son redes de pesca, no de comunicación. Cada una tiene su dinámica. La red construida por el pájaro celeste es, quizás, en la que se ve más claro a los organismos virósicos adentrándose para destruirla. Los hashtags, ahí, son de tendencia … Continúa leyendo Redes infecciosas

Dormirás

Siempre me gustó observar a la gente cuando duerme. Recuerdo haber empezado a hacerlo a eso de los siete años, cuando el pescuezo de papá se torcía elásticamente hacia atrás de la silla en medio de cualquier película de sobremesa. Roncaba tan fuerte que era imposible escuchar cualquier diálogo. “¡Papá!”, le gritaba. Con los párpados aún pegados se acomodaba en la silla y volvía a dormir, ahora un poco menos torcido. No podía ni cambiar de canal; su sueño era tan ligero que reaccionaba inmediatamente y decía, convencido, que estaba mirando. Desde entonces —y quizás por la imposibilidad de entender … Continúa leyendo Dormirás

Esas palabras

“Me llaman Rodolfo Walsh”. Así inicia el periodista su escueta autobiografía, atento al otro que lo observa y lo llama. Cuenta que el sueño de ser aviador lo cumplió su hermano Carlos, involucrado en el bombardeo del cincuenta y cinco sobre la Plaza de Mayo. También que su padre hablaba con los caballos; que uno lo mató y otro dejó de herencia. Quince años estuvo callado, dice. Nueve antes de Operación Masacre, seis al volver de Cuba. Se considera lento, él que inventó un género. Ve en la literatura un avance laborioso a través de la propia estupidez, quien firmó … Continúa leyendo Esas palabras

Una estética de la felicidad

Hace años no vivía la experiencia de las redes sociales —más allá de un ocasional uso de Twitter—. En plan voyeurista y sin un trasfondo claro, reabrí mi cuenta de Instagram. Primero observé. Pasaron dos días hasta que me atreví a publicar una imagen. Era bello ese instante. Me tenía tocando guitarra y charango en un patio cálido y soleado. Alternaba entre los acordes de Durazno sangrando y De Ushuaia a La Quiaca. Spinetta y Santaolalla. Más que bello, era armónico. Agarré el celular, puse la cámara frontal y disparé dos o tres veces. En ninguna sonreí. Enfoqué los instrumentos desde distintos … Continúa leyendo Una estética de la felicidad