Honorio al ochocientos

Hace exactamente once años, alrededor del mediodía, estaba sentado frente a la computadora escuchando con auriculares el disco Kamikaze, y estudiando el significado del ojo de Horus que quería tatuarme esa tarde, antes de la fiesta que organizaban en el taller. Era viernes y había poco trabajo. Diego, mi jefe, me tocó el hombro y señaló el teléfono. Me saqué los auriculares y atendí. Era Pablo, el recepcionista, para avisarme que me mi papá estaba abajo. —¿Mi viejo? —le pregunté. —Sí, Maurito. ¿Bajás? Mi papá nunca me iba a buscar al trabajo, y menos al mediodía. Mientras bajaba la escalera … Continúa leyendo Honorio al ochocientos

La socialización de la tragedia

La pandemia del nuevo coronavirus encerró a un tercio de la población mundial. La cuarentena se impuso como frontera y escudo ante la omnipresencia del virus. Esto trajo un apagón industrial inédito que hizo caer las bolsas de todo el mundo, llevó el precio del petróleo a valores negativos por primera vez en la historia y que empujará a la pobreza a más de quinientos millones de personas, según las Naciones Unidas. Así y todo, en un cuatrimestre se infectaron tres millones de personas y murieron más de doscientas mil. Nuestra única defensa posible, aunque ineficiente, es encerrarnos y rezar … Continúa leyendo La socialización de la tragedia

Redes infecciosas

Las redes también están infectadas. Los virus que circulan ahí son más dañinos que el COVID-19, con su tasa de letalidad por debajo del cuatro por ciento. Incluso el nivel de contagio es mucho mayor. No hay estadísticas, pero tampoco dudas. Infectan a través de la identificación, del deseo de pertenecer y luego, una vez atrapado, de la exclusión. Son redes de pesca, no de comunicación. Cada una tiene su dinámica. La red construida por el pájaro celeste es, quizás, en la que se ve más claro a los organismos virósicos adentrándose para destruirla. Los hashtags, ahí, son de tendencia … Continúa leyendo Redes infecciosas

La remera que fue y no debió haber sido

Haber llegado a La Renga a los diez años, me acercó pronto a la figura del Che Guevara; en ese entonces, todavía desdibujado, ilusorio, bandera. Me entusiasmaban los riffs de Chizzo y las letras sobre un continente al que el progreso le había traído poco más que pobreza y dolor; más me atraía que el stencil del soñador revolucionario lo acompañara como símbolo de liberación. En un arrebato consumista, le conté a mamá que me quería comprar una remera del Che. ¿Para qué?, me dijo. ¿Sabés quién es; qué hizo? Y así de fácil, me desarticuló. Leé, me dijo, aprendé … Continúa leyendo La remera que fue y no debió haber sido

Seda

Amado señor mío: no tengas miedo, no te muevas, permanece en silencio, nadie nos verá. Sigue así, quiero mirarte, yo te he mirado mucho, pero no eras para mí, ahora eres para mí, no te acerques, te lo ruego, quédate donde estás, tenemos una noche para nosotros, y yo quiero mirarte, nunca te he visto así, tu cuerpo para mí, tu piel, cierra los ojos, y acaríciate, te lo ruego, no abras los ojos si te es posible, y acaríciate, son tan hermosas tus manos, he soñado con ellas tantas veces, ahora las quiero ver, me gusta verlas sobre tu … Continúa leyendo Seda

Vivo y presente

No suelo compartir las fotos de gente desaparecida. No sé por qué. Son muchos los que desaparecen. Alguien siempre falta y, si no es relativo a algún conocido, no lo comparto. Sé que es una actitud poco solidaria, me hago cargo. Ahora bien, cuando pasan días y la persona sigue sin aparecer, cuando el Estado es responsable de la abducción, cuando los medios no sólo callan sino que moldean a la opinión pública en contra de la causa por la que el desaparecido luchaba y, encima, defienden a los desaparecedores, ahí cruzan el límite de mi tolerancia. Hubiese querido no … Continúa leyendo Vivo y presente