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fucktrumpHoy, 9 de noviembre de 2016, la humanidad abrazó la distopía. No fuimos los siete mil millones, sino ciento treinta los que votaron en el lugar indicado. No es solo su responsabilidad. Cerca de siete millones votaron contra la paz en Colombia. Unos veinte millones lo hicieron a favor del Brexit y su aislacionismo de la cooperación internacional. Y aunque los españoles votaron más cambio que continuidad, el conservadurismo franquista sigue gobernando por un solapado colaboracionismo. Argentina creyó liberarse del Leviatán erigiendo una efigie de plastilina financiera. Como especie, hemos abrazado la opresión. A través de las urnas, y también por la —hasta ahora, ¿inmejorable?— representación política. Así ocurrió en España, pero también en Brasil. Allí los burócratas voltearon un gobierno democrático. Así el mundo camina hacia el abismo mientras nosotros pavimentamos la ruta, kilómetros adelante. Hemos elegido el  peor de los enemigos de cómic. Tenemos a Adam Susan (o Sutler, para los fans de la versión cinematográfica) de V for Vendetta. Alzamos al inocente Railey de Die Welle, aunque en este caso carezca de intenciones nobles. Tenemos al líder. A la autarquía. Al capital, como alucinó Jensen en la épica Network.  Ahora gobierna el líder. En América —esa que va a ser grande de nuevo— y en los grandes centros globales. También en los márgenes. Y la gran lucha del siglo, la climática, queda relegada a un tercer o cuarto plano. De la vereda de enfrente crece el extremismo islámico. Se ensancha una polarización profundamente más honda que las pequeñas tribus locales; aún así, de los factores depende el resultado. Somos nosotros quienes quedamos a merced de los Dioses y sus caprichos. Libres. Y subyugados a Dioses y caprichos.

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