Yo quería escribir cuentos, lo juro. Historias lúgubres o fantásticas, no relativas al plano de la realidad. Repulsivas, tal vez. Tristes. Pasa que me lo ponen difícil. No está el mundo como para andar inventando ficciones. Tampoco el país. Aunque esa, quizás, sea la única salida. Escribir para inventarle un sentido a la vida, como pensaba Abelardo Castillo. O contrariamente aferrarse a las mentiras de Arlt en Escritor fracasado, que justifica su silencio diciendo que la vida no es literatura; que primero hay que vivir y después escribir. Para ser honesto creo que la vida está sobrevalorada. ¿Qué es lo que hay que andar viviendo? ¿Algo lúgubre y fantástico? ¿Repulsivo, triste?

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