Etiquetas

,

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Ayer vi un documental sobre la obra del fotógrafo Robert Mapplethorpe. Lo transmitió un canal de cable conocido por incluir películas eróticas en su programación de trasnoche. El artista nació durante la segunda guerra mundial en una numerosa familia católica de la clase media estadounidense. A pesar de la negativa de su padre, viajó a Brooklyn para estudiar arte en el instituto Pratt. Intrigado por las revistas pornográficas que los puestos de diarios censuraban con una banda negra, decidió robarle algunas a un vendedor ciego y fue descubierto. Comenzó a realizar collages intervenidos con las fotos de hombres y mujeres desnudas. Molesto por la idea de trabajar con fotos ajenas, obtuvo una Polaroid. Durante los sesentas conoció a Patti Smith. Así inició un camino como fotógrafo que años más tarde lo llevaría a ser censurado y rotulado como pornógrafo. Se rodeó sólo de gente con fama, dinero o sex appeal. Durante dos años recibió asistencia de su hermano menor, Edward. Terminó echándolo por considerar que le robaba protagonismo y le exigió que cambiase su apellido: adoptó entonces el nombre Ed Maxey. Mapplethorpe se sumergió en el mundo del sadomasoquismo y en la última etapa de su vida se obsesionó con las personas de raza negra. “No estoy haciendo una declaración social sobre su situación —dijo el artista en una entrevista—. Los fotografío como forma, como hice anteriormente con flores o con cualquier otro objeto”. Su lente capturaba inequívocamente lo explícito. Un puño penetrando un ano, un dedo meñique introduciéndose por el meato de otro hombre. Capturó también bellas imágenes de flores y delicados retratos; son éstas sus obras más difundidas aunque no las que lo definen. Conoció a Lisa Lyon y la retrató desnuda de las más diversas maneras. La musa cuenta que su ambición —acordada con Robert— era poner en juego las más variadas formas de ver a una mujer. La crítica de arte Carol Squires consideró retrógrado su trabajo con mujeres desnudas, contrariamente a lo provocador que resultaba ese mismo trabajo sobre el sexo masculino. Resaltaba así un machismo implícito al observar lo explícito. Su biógrafa cuenta que el último gran amor de Mapplethorpe fue en realidad una obsesión por la poronga de Milton Moore. El órgano genital masculino se adivina como uno de los objetos más temidos a nivel psicológico. Detrás de todo el prejuicio social hay una suerte de envidia o de miedo al pene —más aún al de raza negra—. Él mostró esa genitalidad como nunca antes se había expuesto. Ofreció una nueva mirada incómoda y controversial del motivador de fuertes sentimientos sociales. Enfermo de sida, transitó una muerte anunciada. Se despidió con fiestas y exhibiciones. Vivió para eternizar su nombre y su obra. El pudor aún la silencia. Las buenas costumbres que aceptan el porno corriente no toleran la expresividad de su obra. Una neumonía terminó matándolo el 9 de marzo de 1989. La lápida bajo la que yace su cuerpo, no lleva siquiera su nombre.

Anuncios