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upsala_tempano

La imagen es ambigua. El témpano azul flota en uno de los brazos del Lago Argentino. Veo una décima parte de el trozo de hielo real. La escena impresiona. Los pasajeros del barco se agolpan en la cubierta para tomar una foto o intentar una selfie con fondo incierto. Sigo adentro esperando la inevitable descongestión por costumbre o por aburrimiento —que suele ser lo mismo—. Desde mi butaca escucho, casi en soledad, que el guía cuenta que se trata de un témpano desprendido del glaciar Upsala. Estos desprendimientos son cada vez más frecuentes por el calentamiento global que produce un dramático retroceso del glaciar. Esa imagen que guardarán cientos de celulares es la bella cara visible de una tragedia imperceptible. El tercer campo de hielo más grande del mundo, retrocede. Así el agua potable disminuye. Todo esto dice el guía, más para sí mismo que para los turistas. No cuenta —como sí hizo algún otro— que, además, el curso de agua que corre libre desde los glaciares hacia el Atlántico se verá interrumpido por dos megarepresas que gozan de un apoyo unánime de la clase política, el rechazo del sector ambiental y la indiferencia de la mayoría. Ésto puede alterar la dinámica de los cuerpos de hielo, conjuntamente al impacto del cambio climático que produce la quema de combustibles fósiles. Poco parece alterar el ritmo de los eventos. Esta fotografía puede ser cada vez más frecuente. Hasta que, definitivamente, deje de existir. Sin embargo no habrá entonces quien esté allí con un teléfono para fotografiar.

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